dissabte, d’abril 08, 2006

Las pantuflas como tal


Las pantuflas como tal, son como éstas. A veces, cuando estoy rica (cosa que afortunadamente no sucede a menudo) salgo para comprarme algo y que éste algo sea exactamente el algo de mis sueños.
Ya que cada día me he de conformar con lo que me toca sin decidirlo, esos días que les digo salgo oronda con el firme propósito de adquirir el salmón más exquisito, el libro aquel descatalogado, un "au de perfum" y no un "au de cologne", etc. 


Hace unos meses le tocó también a....las pantuflas. Necesitaba sí o sí, comprarme un par de pantuflas. Yo, desde un día que tuve que internar a mi padre casi medio totalmente enfermo y el médico como si nada me pidió que le trajera las pantuflas de casa, como que no. Desde aquella época comprar pantuflas o un piyama es una actividad interdita, no puedo dejar de acordarme de mí corriendo desesperada al Carrefour para que mi padre tuviera lo necesario lo antes posible. 
Porque ese día que les cuento, en tres segundos, parados los tres en el ascensor mi padre, yo y el médico descubrí que el señor este que me había dado la vida no sólo no tenía pantuflas sino casa ni nada, y no era cuestión, que él, tan elegante, tuviera que andar desarrapado los días antes de su muerte. No, no, no. Así que ahí andaba yo por los carrefures, comprando pantuflas y un piyama de lanita, medio de bebé, medio de abuelo, medio de moribundo. 
Cuando llegué con las compras, mi padre se vistió con todo en diez segundos. Nadie en el hospital sospechó que era un piyama recién comprado, lo había elegido tan bien que hasta mi papá pensó que había dormido con él los últimos años de su vida. Nadie lo hubiera pensado, les diría ni yo. Viéndolo vestirse con tanta tranquilidad y rapidez, sin mirar lo que le había llevado, hasta casi consigue hacerme creer que todo era de él y que no había sido yo la que lo había elegido y comprado. 
Me quedé inmóvil mirándolo. Se vistió y no me hizo ningún comentario. A veces dudo si en realidad lo que pasó no es que el mayordomo de casa vino en el coche con la ropa de noche de mi padre, lo saludó con un "Buenos días Don Jorge, ¿necesitará algo más..?". Es que a mi familia en general se le daba muy bien eso. Creer que conservaban tenían cosas que en realidad ya habían perdido.