dissabte, de maig 12, 2007

El amparo de tu nombre


Nos conocimos en París hace seis años, en las clases de francés de Madame Thomas de Sainte Marguerite. Todavía no sabíamos que se llamaba Pauline, ni que había estado casada durante años con un escritor venezolano. A las dos nos encantaba su manera de andar, el rodete canoso peinado impecable. En cada clase nos hacía estudiar un poema de memoria. Todavía recuerdo "Barbara" de Jacques Prèvert:

Barbara...il pleuveut sans cesse sur Brest ce jour là...

et tu marches suriante, èpanuie...

Necesité que pasaran seis años y varios viajes para conseguir ser feliz allí. A la gente le gusta pensar en París. La gente escucha "París" y piensa en amantes, paseos y felicidad. Pero yo no conseguía dejar de llorar. Llorar, llorar y no parar. Las botas mojadas por la lluvia, las medias empapadas y frías y el pelo enredado en la nuca porque cuando me lo lavaba tenía que hacerlo tan rápido que no me lo podía desenredar.
Caminaba a su lado con la garganta extrangulada, sin poder hablar, sin poder contarle. Vivía en una habitación ínfima en la que sólo entraba una cama, una hornalla y una caja.

Los años pasaron y empezamos a encontrar las respuestas, a entender qué era lo que había pasado. Aunque haya cosas que no pueda olvidar. Todavía puedo sentir el dolor en la nuca como una espada clavada hasta la garganta, cada vez que bajaba la cabeza para ponerla bajo el chorro de agua helada.






Ilustración: Sonia Pulido
Texto: Georgina Roo

Más trabajos de Sonia en:
http://www.soniapulido.blogspot.com/

Sonia acaba de publicar el libro "Puede que ésta vez"
Ediciones sins entido, 2007.