"Los novelistas y los editores creen que una novela es más importante que un cuento. No les creas. Sólo es más larga."
Dijo: Abelardo Castillo. En la foto: Joan Wasser. pd:...es el repliegue antes del trabajo, claro. Gracias por todo, de verdad muchas muchas gracias.
dissabte, d’octubre 20, 2007
"Cuando debemos tomar una desición capital, no hay nada más peligroso que consultarlo con los demás, dado que, salvo algunos extraviados, nadie desea sinceramente nuestro bien."
Texto: E. M. Cioran. En la foto: Albert Pla i Judit Farrés. http://www.albertpla.com/
pd:...xtraviats q están ahí siempre: x suerte. Ave.
dijous, d’octubre 11, 2007
"...lo que hago es moldear una serie de personajes...cuando escribo casi puedo verlos e imaginarlos, algunas veces me elijo a mí misma para ese papel en alguna canción para tratar de explorar qué están pasando mis héroes o heroínas de las canciones. Para mí no hay diferencia entre ficción y realidad o entre estar despierto o dormido. Mis canciones, o pequeñas películas o relatos breves, no los he vivido en su totalidad, sería realmente difícil poder llevarlo a cabo, necesitaría haber vivido muchas veces y de una forma muy intensa. Pero lo importante en realidad es que todo eso puedo sentirlo."
"A comienzos de año, cuando lo interrogaron, puedo responder con naturalidad que su padre había muerto en la guerra, lo cual era en definitiva una condición social, y era huérfano de guerra, cosa que todos entendían. Pero las dificultades empezaron después, cuando en los impresos que les entregaban no sabía qué poner bajo el rubro “profesión de los padres”. Primero escribió “ama de casa” mientras Pierre escribía “empleada de correos”. Pero Pierre le aclaró que ama de casa no era una profesión, sino que designaba a una mujer que se quedaba en la casa y se ocupaba de tareas domésticas.
-No- dijo Jacques-, se ocupa de las casas de los otros y sobre todo de la del mercado de enfrente.
-Bueno- dijo Pierre- vacilando, creo que hay que poner “criada”.
A Jacques nunca se le había ocurrido esta idea por la simple razón que esa palabra, demasiado rara, nunca se pronunciaba en su casa –debido también a que ninguno de ellos tenía la impresión de que trabajaba para los otros: trabajaba ante todo para sus hijos-. Jacques empezó a escribir la palabra, se detuvo, y conoció la vergüenza, y la vergüenza de sentir vergüenza.”
Albert Camus, extracto de la novela "El Primer Hombre". En la foto: Los Manics (Street Preachers) (imágenes ggle)
dimecres, d’octubre 03, 2007
-¿Cuál de ellos es tu símbolo ahora, Howard? -¿A qué te refieres? -La hoz y el martillo, la esvástica, la bandera yanki…¿cuál te gusta más? -Pregúntame sobre música -le dije- -¿Qué..? -Que me preguntes qué clase de música me gusta ahora. Puedo opinar sobre música, pero no tengo opiniones políticas. -Entiendo, está bien…¿qué música te gusta ahora? -Navidad Blanca –le dije- Me gusta Navidad Blanca cantada por Bing Crosby. -No comprendo. -Es mi pieza favorita. Me gusta tanto que tengo veinte versiones de ella. Me miró, incrédula. -Ah, ¿sí? -Es…un chiste personal –repuse débilmente- -Oh. -Personal…He vivido tanto tiempo solo que todo lo que me rodea es personal. Me sorprende que alguien pueda entender una sola palabra de lo que digo.
Kurt Vonnegut, “Madre noche” (Mother night, 1961. Traducción al castellano de J.C. Guiral) En la foto: John Parish (fotos ggle)
Junto al ventanal nos pusimos a jugar a decirnos la verdad ¿Qué es lo que más engaña..?: saber.
Texto: Gustavo Cerati En la foto: Héctor Buitrago y Andrea Etcheverry (fotos Ggle)
dissabte, de setembre 15, 2007
¿Qué es la felicidad sino el simple acuerdo entre un ser y la existencia que lleva?
Albert Camus. En la foto: Ellos.
dijous, de setembre 13, 2007
".....vender más, hacer un buen contrato, ser best seller, profesionalizarse: corremos el peligro de confundir esto con el oficio de escribir libros. La coartada suele ser que el escritor debe vivir de su literatura. Muy bien, admitamos que "debe". Sobre todo si admitimos que cualquier persona debería vivir de su trabajo, sobre todo si ese trabajo lo merece. Pero en los hechos ésto es una mentira. Un escritor argentino que publique -exageradamente- un libro de diez mil ejemplares todos los años -un escritor, digamos, a quien en el País de Jauja le adelantaran diez mil dólares por el libro- haría bien en buscarse una changuita, si anhela gozar en este mundo de algunas otras compensaciones civiles como tener hijos, darle de comer al perro o internar a sus mayores en el geriátrico. Ni hablemos si ese escritor es, además, un buen escritor, un contemplativo sosegado que acaso necesita tomarse su tiempo para redactar un poema o un cuento de diez páginas. "
Palabras de Abelardo Castillo, mi sabio. Gracias y gracias. Nunca acabaré de agradecerle las cosas que aquella vez me dijo.
Estas palabras que leen fueron dichas hace diez años. Ahora mismo, al transcribirlas, no puedo evitar sonreir al leer cosas como "diez mil ejemplares" o "adelanto de diez mil dólares". Mis queridos camaradas: ni se imaginan lo que han cambiado esas cifras en éstos (tan poco tantos) años.
En la foto: Joan Wasser (Images ggle)
dissabte, de setembre 08, 2007
La primera noche ellos se acercan y cortan una flor de nuestro jardín, pero no decimos nada. La segunda noche, ya no se esconden y pisan las flores, matan nuestro perro y no decimos nada. Hasta que un día, el más débil de ellos entra solo en nuestra casa, nos roba la luna y, conociendo nuestro miedo, nos arranca la voz de la garganta.
Y porque no dijimos nada ya no podemos decir nada.
El texto: Vladimir Maiakovski. En La foto: Albert Pla.
"Encantadores". Esa sí es una palabra que no aguanto. Suena tan falsa que cada vez que la oigo me dan ganas de vomitar."
De "El guardián entre el centeno", de J.D. Salinguer. The Catcher in the Rye, 1945. La foto: Moby (images ggle)
"En general cuesta tanto trabajo escribir una gran novela como una novela idiota. El esfuerzo, la pasión, el dolor, no garantizan nada. Es desagradable pero es así. Nunca abandones la cama sin meditar ésto."
Extracto del libro "Ser escritor", de Abelardo Castillo. No dejen de comprar sus libros, ni de escuchar con atención TODO lo que tenga para decirles. Hace diez años, me regaló el libro que menciono con una dedicatoria maravillosa que en ese momento, joven e idiota, no supe apreciar. Perdón, Abelardo. Perdón perdón y cien veces perdón. Tardé casi diez años (desde aquella tardenoche) en empezar a entender lo que era, realmente, escribir. Me pongo de pié, ante su trabajo y ante su persona.
"Ninguna historia cuenta una sola historia, ni en los libros ni en la vida. Pero sobre todo en la literatura, si la historia subterránea no es en cierto modo la escencial, no hay obra de ficción."
Abelardo Castillo. Extracto del libro "Ser escritor", Editorial perfil, Colección Perfil libros. 1997. En la foto: Albert Pla i Judit Farrés Fotos: web Albert Pla http://www.albertpla.com/
dimarts, de setembre 04, 2007
No cesaremos de explorar. Y el final de toda nuestra exploración será llegar a donde arrancamos, y conocer el lugar por primera vez.
T.S. Elliot, "Little Gidding". En la foto: Kurt Cobain. (Fotos ggle)
En el original: "Rien ne vous tue un homme comme d'être obligé de représenter un pays" En la foto: Nick Cave y Pj Harvey. El texto: Jacques Vaché (carta a André Breton).
divendres, d’agost 24, 2007
"No confío en esos autores a los que se les nota que se han propuesto escribir un libro. Desde hoy sólo leeré a aquellos cuyas ideas se hayan convertido, inopinadamente, en un libro."
Fiedrich Nietzsche.
En la foto: PJ Harvey, portada del disco Uh huh her. (fotos Ggle).
dilluns, d’agost 13, 2007
(clica el vídeo antes de leer)
No, que no. Te estoy diciendo que no. ¿De verdad pensás que me voy a ir con vos? ¿y porqué tendría que irme con alguien? ¿porqué? ¿qué pasa? ¿con el concierto no te alcanza..? de verdad me rompés el corazón, enserio.
Escuchá bien la canción, vas a ver que no necesitás nada más... te lo dije una vez-tres-cinco veces: stop, dejáme escuchar, que no, que me dejes, no me voy con nadie, dejá de decirme lo que a vos te parece. Porque además te digo: la gente que a mí me gusta no es como vos, prefiero los que son ¿cómo decirte...? ¿estás escuchando..? la gente que me gusta es más como......me río porque mirá justo el tema que empieza....¿entendés lo que es eso? son los otros, los otros como yo ¿decís que también son como vos...? no, mirá, ahora voy a decepcionarte, me parece que no terminás de entender lo que te digo, vos no...., escuchá bien vas a ver, además mirá, la gente como yo está acostumbrada a controlar sus impulsos, sé lo que digo cuando lo digo, de verdad. Podés creerme.
I don't know why but I had to start it somewhere, so it started there
I said pretend you've got no money, she just laughed and said oh you're so funny
I said yeah? Well I can't see anyone else smiling in here
....no creo que lo entiendas, aunque parezca que hagamos las mismas cosas: no es verdad. Son TAN distintas. Decime algo, decime por ejemplo.....¿cuánto hace que compraste la entrada..? ¿cuántos días vas a dejar de comer por venir hoy..? ¿dejaste de pagar el alquiler de tu casa? ¿qué dejaste de pagar para venir acá ? ahora dejame por favor que quiero escuchar ESTA canción ¿sabés de qué se trata, no..? ¡ claro ! ¡si la entendés mejor que yo ! mi inglés es de altavistatraducción, a ver dále, contame, así que estudiaste en Londres, yo mirá es que no...¿papá te lo pagó? qué bueno que te paguen algo, no..? a los common people no nos pagan, sabés..? pagamos nosotros casi siempre, enfin, a veces también hay que....enfin... el mío mirá está muerto pero ni por eso, no no, que cuando estaba vivo capaz era peor, peor de explicar quiero decir, de contar de que se entienda, porque ni siquiera... no vale la pena...yastá, que si seguimos hablando se termina la canción.....
Smoke some fags and play some pool, pretend you never went to school
But still you'll never get it right
'cos when you're laid in bed at night watching roaches climb the wall
If you call your Dad he could stop it all
era feliz en mi casa con el diccionario, traduciendo las canciones de los Rolling Stones, mientras, vos estabas en Lón dón, o no sé dónde porai que andabas y sin embargo algo que me dice que esta canción la entiendo más yo que vos.....no, no es por mi nivel de inglés, eso seguro que no.
(¿qué me mirás con esa cara? sí, me estoy riendo, me pasa a veces por suerte)
Are you sure you want to live like common people
You want to see whatever common people see
You want to sleep with common people,
you want to sleep with common people like me.
Qué bien que te guste mi perfume pero ¿sabés..? me lo compro como se lo compra esa tipa de allá, esa misma common people a la que nunca hubieras invitado a tu casa ¿podés entender eso? ¿sabés lo que es..? pasaste al lado de ella sin fijarte, ni siquiera te enteraste que estaba, no viste los ojos hermosos que tiene, ni los zapatitos verdes que se puso para venir a limpiar al recital....tengo más cosas en común con ella que con vos, aunque ella tenga un delantal celeste y esté limpiando la mugre del baño al que vamos vos y yo ¿podés entender eso..? y porque ahora mismo tengo más ganas de besarle las manos a ella que a tus bíceps de gimnasio de ochenta euros, pero ¿sabés..? Desde hace un tiempo sé que ella me mira a mí como te estoy mirando yo a vos ahora, y entonces es raro porque hay un espacio que no se llena con nada, y entonces pienso si en verdad sí podríamos y me imagino a los dos un segundo pero no bueno sí, pero justo bajo la vista para mirarte más...digamos mirarte, y en tus ojos no veo nada, ni en la sonrisa esa con la que intentás conquistarme y esos pantalones que tenés puestos, que cuestan la mitad de lo que le pagan por mes a la tipa que te digo.... te juro que eso hace gelatizar la más alta temperatura, y tus ojos sobre todo eso sí te decía, que no me dicen nada quiero decir nada más....nada, no veo ninguna herida afuera, ni adentro..no tenés nada fuera de lugar, no tenés nada...quiero decir que para mí no tenés nada, a ver si me explico, no tenés nada, nada así, en general.
¿De verdad que creés que sabés lo que es gastarte la plata del alquiler en la entrada de un festival..? ¿creés que podés entender eso..? ¿sabés lo que es hacer algo porque si no te morís de dolor porque ya no das más? ¿entendés eso..? Hacer algo porque sino vas a morirte de tristeza y sólo querés escuchar conciertos tres días y bailar, bailar, bailar porque es la única manera que desaparezca el miedo, y el miedo de tener miedo... pero igual, hace tanto que aprendí a escaparme del dolor por algunos ratitos...la música es el único alivio posible al dolor infernal..... ¿entendés lo que es pensar que esto que pasa se termina ya..? ¿entendés los latidos del corazón en la boca a punto de explotar..? ¿no comer durante dos días y medio...y después irte al Arts a desayunar...?
¿de verdad te parece que me voy a ir con vos de acá...? No escuchaste bien lo que te dije, nespáá??. Pero no voy a ser grosera, tranquilo, la gente como yo está muy bien educada, educada para controlar perfectamente sus impulsos....No, es que no, dejame, soltame del brazo, que tengo que bailar, x que viene ahí la mejor parte de la canciooooooooooooooooonnnnnoonnnn, uó uó uó uó uó la la la la la !!!!!!!!!!!!!
¿sabés x qué se está sacando la pelusa del ombligo? ¿de qué te reís? ¿qué me mirás..? Sí, ésta camiseta está mojada, me acabo de meter en el mar....tranquilo, no, no me voy a resfriar. He pasado por momentos más duros que ésto, podés creerme.
Me estás arruinando la mejor parte, Diosss, calláte de una vez que no escucho, que me pierdo ésta parte, tengo que ir más adelante del escenario ahora porque quiero cantar y saltar, y cantar, y waaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
Are you sure you want to live like common people
You want to see whatever common people see
You want to sleep with common people,
you want to sleep with common people like me.
y mientras nosotros decimos thank you very much, thank you thank youuuuuu, vos te quedás ahí, calladito sin cantar ¿porqué viniste..? ¿qué me decís en inglés..? en castellà sisplau que ya te dije y no te entra en la cabeza....no te puedo seguir escuchando ni un segundo más ¿irte conmigo..? ¿de verdad..? mirá no, va a ser que no, no me va a gustar ni hoy ni mañá, te miro y no me movés ná de ná, rian de rian....aim sorry, lo siento guapísimo, ye suí desolé vremánt.... hay una allá que mirá parece que podrías... es rubia muy bonita, hacéme caso, enserio ¿poco common people for you..? me río me río, me río perdoná, yo mirá es que ahora tengo cosas que hacer....... escuchar el concierto y bailar, bailar, bailar, bailar, bailar, bailar....
El vídeo: Pulp en vivo en Glastonbury. "Common People"
Texto: Georgina Rôo.
pd: Si son buenos niños, mientras escuchan la música (queslomasimportante) leerán. Y si son malos...también más me gustaría.
Ave, common people.
divendres, d’agost 10, 2007
"Quita tus sucios dedos de mi cuello. Pues hay en mí algo muy malo que tu prudencia debe temer."
De "Hamlet", William Shakespeare.
Poco más para decir hoy. Ah, sí: no dejen de escuchar "You are the Quarry", de Morrissey...¿cómo este tipo puede ser tan bestialmente bueno...? ¿Escuchan The world is full of crashing bores, por ejemplo..o You know i couldn't last..? ¿Escuchan lo bueno que es..?
¿Escuchan..?
dissabte, de juliol 28, 2007
No me interesa escribir "bien" ¿cómo podría interesarme..? Hay docenas y docenas de bienescribientes hijos de puta, traidores y autocentrados. Además ¿qué carajo es "escribir bien"..? No te hago la lista de los que supuestamentesí y enverdadunamierda porque los conocés y a los que no, que ni vale la pena.
Pensaba...¿quién pude ser tan arrogante como para suponer que puede hacer (realmente) algo por la literartura..?
Me interesa saber qué quiero contar y cómo voy a hacerlo. Me intereso, pero me interesa igual el otro, el otro escuchándolo o leyéndolo. ¿Van a salvarse mis protagonistas...? ¿cómo llegaron allí..? ¿porqué están..? ¿por qué no se van..? Y si hay algo que me acerca a tu trabajo y a tu persona es la certeza de saber que hay en las dos una misma búsqueda en el sentido que te decribo, un no perder el punto de lo realmente importante: no estamos tan dehors como para olvidarnos: salir a pasear, dilucidar quién es realmente nuestro hombre perfecto, descubrir con felicidad que tal vez por un minuto lo hemos encontrado, o no, o más o menos ;-) Preparar la casa porque llegan a comer unos amigos, ir a La Chope a desayunar con cruasáns (o sin ellos), bailar (bailarbailarbailaaar!), el sexo, reírnos mientras tomamos mate, sacar fotos de la ventana, dormir, leer una revista, saber exactamente en qué momento una rosa ha muerto (lo suficiente como para ya sacarla del florero), cocinar una tarta, saber elegir un perfume y paro ahora pero la lista (por suerte) es infinita. Porque no tengo la menor idea de qué es la literatura pero te digo ni hace falta, sólo tengo claro que lo que intento hacer cada día es estómago y rabia, y lo llevo a cabo mientras me ocupo de lo otro, de lo verdaderamente importante.
No, no consigo interesarme por la literatura, sólo por la escritura, sólo, sólo...porque eso sí es la realidad, la realidad en el más maravilloso y exquisito de los sentidos.
Digo yo, en una carta a Victoria. Barcelona, 28 de julio del 2007.
En la foto: Jarvis Cocker (fotos ggle). y Vicky...i love you, don't kill me... ocomosescriba ;-) Forever: Common people !!!!!!!!!
Comencé teniendo casi vergüenza de escribir: más precisamente vergüenza de escribir novelas.
("J'ai commencé par avoir presque honte d'ecrire -plus précisement: d'écrire des romans.") Olivier Rolin, extracto del artìculo aparecido en la revista "Le meilleur des mondes", Paris, 2007.
La foto: PJ Harvey, cobertura del disco "To Bring you My love" (images ggle) Cualquier incorrección que perciban en la traducción contactar con servidora, toda queja: será bien recibida.
"¿No debieron tenerse primero "buenas razones" para escribir ? ¿Aquellas que, misteriosas para mí, nos dan "derecho" a escribir ? Y yo no las conocía. Yo sólo tenía una "mala" razón, no era una razón; era una pasión, algo inconfesable-e inquietante, un razgo de la violencia que me afligía. Yo no "quería" escribir. ¿Cómo habría podido "quererlo" ? No estaba tan extraviada como para perder la medida de las cosas."
"La llegada a la escritura" (fragmento), de Hélène Cixous. Original en francés: La venue à l'écriture, en Entre l'écriture. Editions des femmes- Antoniette Fouque, Parìs, 1986. Ediciòn en castellano: Amorrortu editores, Buenos Aires, 2006. Traducción (excelente) de Irene Agoff. En la foto: Moby (fotos Ggle)
Para el gordo el bar a esa hora era el lugar ideal, se podía conversar y tomar una cerveza tranquilo. El bar de su viejo, que a pesar de estar en el centro de la ciudad parecía de un pueblo.
El "Costa Brava", un nombre que de pequeño lo había hecho soñar y pensar en piratas, y que más tarde supo que era el lugar donde su padre veraneaba de pequeño. Lo habían comprado cuando recién habían llegado y él todavía era un bebé de brazos, había crecido entre esas mesas.
Entonces recordó que el bar no siempre había tenido ese nombre. Nunca supo qué llevó a su padre a descolgar el tablón de madera clavado en la puerta, que en aquel entonces se llamaba "La Pasionaria". Pero jamás olvidaría que después de hacerlo sus padres se habían abrazado como nunca y su padre había dicho:
-Perdóname, no necesito un cartel que cada mañana me recuerde los muertos.
Una mañana la madre samurai se despertó sabiendo que el bien y el mal existían. A pesar de su condición de samurai, semejante revelación la hizo sentir muy inquieta.
Entonces llamó a sus hijos y les dijo:
-Cerrad los ojos para ver, respirad sin pensar para ser, sentir el néctar que atraviesa vuestras gargantas y escuchad el sonido que viene de dentro. No puedo engañaros, siempre habrá lobos dando vueltas, pero siempre estará también la luz que ilumina y da vida, el dulce y ácido flujo que sana y el pecho ensanchado por nuestra respiración sagrada. Y la música, no la olvidéis nunca. La música de dentro y la música de fuera. El silencio como música y el sonido de los pájaros. El sonido de la luz chocando en la frente, el sonido de nuestros pasos pisando y si no pisamos el retumbar del corazón y el fluir de la sangre dentro del cuerpo.
Desde ahora tienen el secreto.
Nunca olvidéis esto queridos amados hijos míos. Cada día que pasa me siento más fuerte y más pequeña, si vamos a seguir aquí entonces esto debemos saberlo.
La madre samurai nunca supo desde dónde habían venido a sí aquellas palabras, aquellos cuatro pulsos de vida revelados. Pero aquella mañana, al despertarse, los supo certeros y sagrados.
Ilustración: "La Rabia" Blanca Hernández. Pintura y collage sobre madera. (32 x 122 cm.)
Texto: Georgina Roo.
Pueden ver más trabajos de Blanca en: http://www.flikr.com/photos/57649765@N00/show
y en su web: http://www.lokomotiv.org/blanca
La exposición de sus xilografías pintadas a mano todavía puede verse en: Què bec? c/Daguería, 12. 08001. Barcelona.
G será el cinco de tierra de fuego: de viento de agua de aire. La séptima letra de tu alfabeto, la quinta e inicio del signo de tu nombre. El número áureo de dos que pasados los años fueron tantos Dos que te aullaron y engendraron.
En el principio de tu madre la luz en la suma del nombre de tu padre, la guerra: dragón vencido para siempre. Eres: la lanza que lo aniquila y vuelve a darte vida tú la tierra y nuevo el cielo otra vez elegido.
Sólo subir, flotar, no hay más lo es todo. La luz que permanece viva aún sus heridas: carne viva. La guerra que descansa en paz bajo la tierra. No hay más ya verdades silencios ni mentiras, sólo el sagrado número que es tres, es cuatro, es cinco.
Ni bien se levantó lo supo: se compraría un pez. No, mejor dos, para que no esté solo. Así que saltó de la cama y miró el reloj: muy temprano todavía, debería esperar todavía unas horas hasta salir a comprarlo; eran las cinco y cuarto de la mañana. Pensó si salir igual, y esperar. Pero no: podía encontrarse con ellos, con los que vuelven. Ellos con los que hasta ayer se juntaba. Un ellos al que ya no quería pertenecer.
Sería feliz, lo había decidido, y se compraría un pez. No, mejor dos, para que no esté solo.
O tal vez pensándolo tres. Dos es un número complicado.
Nos conocimos en París hace seis años, en las clases de francés de Madame Thomas de Sainte Marguerite. Todavía no sabíamos que se llamaba Pauline, ni que había estado casada durante años con un escritor venezolano. A las dos nos encantaba su manera de andar, el rodete canoso peinado impecable. En cada clase nos hacía estudiar un poema de memoria. Todavía recuerdo "Barbara" de Jacques Prèvert:
Barbara...il pleuveut sans cesse sur Brest ce jour là...
et tu marches suriante, èpanuie...
Necesité que pasaran seis años y varios viajes para conseguir ser feliz allí. A la gente le gusta pensar en París. La gente escucha "París" y piensa en amantes, paseos y felicidad. Pero yo no conseguía dejar de llorar. Llorar, llorar y no parar. Las botas mojadas por la lluvia, las medias empapadas y frías y el pelo enredado en la nuca porque cuando me lo lavaba tenía que hacerlo tan rápido que no me lo podía desenredar. Caminaba a su lado con la garganta extrangulada, sin poder hablar, sin poder contarle. Vivía en una habitación ínfima en la que sólo entraba una cama, una hornalla y una caja.
Los años pasaron y empezamos a encontrar las respuestas, a entender qué era lo que había pasado. Aunque haya cosas que no pueda olvidar. Todavía puedo sentir el dolor en la nuca como una espada clavada hasta la garganta, cada vez que bajaba la cabeza para ponerla bajo el chorro de agua helada.
Ilustración: Sonia Pulido Texto: Georgina Roo
Más trabajos de Sonia en: http://www.soniapulido.blogspot.com/
Sonia acaba de publicar el libro "Puede que ésta vez" Ediciones sins entido, 2007.
divendres, de maig 04, 2007
No saques la espada ni la brújula.
Porque no seré yo a quien hieras (aunque muera) ni te guiará el sur a tu destino.
No podrás huir de tí desprevenido Ni de mí, soñada e implacable.
Vas a llorar cuando yo me dé vuelta porque verás tus lágrimas secas en mi espalda.
Texto y foto: Georgina Roo. Nota: Dejé la palabra Sur sólo para respetar el original (este poema tiene mucho tiempo). Es probable que de haberlo escrito ahora hubiera puesto Norte. Pero enfin, también es probable que ahora no hubiera puesto nada. O hubiera escrito otra cosa. O. Enfin...Eso. Salud para mi Sur, y mi Norte: salud. Salud.
Dormí abrazada a él varias noches y durante meses me abrigó su calor.
Ahora mi abuelo yacía bajo tierra fresco y muerto, y yo me dormía ahogada con el pensamiento de sentirlo casi vivo, sin entender la lógica del mundo de meterlo con inmediatez bajo tierra. Como si su cuerpo tuviera primero que secarse o pudrirse para recién después meterlo en un cajón. Meter el cuerpo en un cajón, sellar con estanio, derramar el líquido aséptico, ajustar la tapa de madera lustrada.
Qué frío hacía ese invierno. Y él ahí, solo y muerto. Exactamente igual, sólo un poco distinto de como estaba con el último beso que le di.
Pasados los rezos la gente se fue yendo, de uno en uno y poco a poco. Me saludaban y sonreían con condescendencia, algunos me invitaban a volver a la ciudad en coche ¿volver a la ciudad..? ¿irme en coche..?
Me acosté en la tierra de su tumba...En su tumba sin cruz, sin identificación ni piedra. Sólo mi mejilla recostada en el barro frío de la tierra revuelta. Estómago, cara, piernas fríos y adormecidos por el barro en el suelo, sólo mi espalda y las botas mantienen el calor que desprenden los latidos de mi cuerpo.
El enterrador, mucho después de cumplir con su trabajo, continúa pasando delante de mí con un gesto cínico. Camina sin inmutarse al ver mi cuerpo adormecido sobre la tumba, lo sabe desnudo bajo el sobretodo, no lo engañan mis botas ni mis medias.
No puedo decir que al morir mi abuelo me haya quedado sola. Me acompaña la niña que dejé de ser desde aquel día y para siempre.
Ilustración: Carmen Segovia Texto: Georgina Roo.
Más trabajos de Carmen en: http://www.carmensegovia.blogspot.com/
Lenta, implacablemente me transformo. Avanzo hacia el centro absoluto de mí. Todo mi color, mi pelo, el tono de mi voz, la cara de mi risa. Nada de todo eso que fui me va quedando. Demasiados niños dormidos van despertándose dentro mío, y no puedo sino apartarlos por ahora, protegerlos de su brutal conciencia.
"El infierno de los vivos no es algo que será: existe ya aquí y es el que habitamos todos los días, el que formamos estando juntos. Dos formas hay de no sufrirlo. La primera es fácil para muchos: aceptar el infierno y convertirse en parte de él hasta el punto de dejar de verlo ya. La segunda es arriesgada y exige atención y aprendizaje continuos: buscar y saber quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacerlo durar y darle espacio."
Extracto del libro "Las ciudades invisibles", de Italo Calvino. En las fotos: Italo Calvino (Ggle). Post que dedico a mi padre que me enseñó a escaparme de lo primero y a saber ver, y hacer, lo segundo. Felices 64 años, dondequiera que estés. Escucho: A Rufus...cantando Barcelona.
Quedarán en mí las huellas de quien fui. Marcas, señales, los dolores. ¿Cómo deshacerse? ¿Cómo poder, aún con dolor, ser implacable y desechar esos pedazos arrancados en mí? Fuertes, fuegos fuertes que me aniquilan y derraman ved atrás. Atrás. Ahora fluís etéreos como partículas sagradas. Dos que es uno indivisible y perfecto: la memoria y el cuerpo, el extremo de conversión en luz.
Muchas veces escribir es acordarse de lo que nunca ha existido ¿Cómo lo conseguiré, saber lo que ni siquiera sé? Así: como si me acordase. Con un esfuerzo de "memoria", como si yo nunca hubiese nacido. Nunca he nacido, nunca he vivido: pero yo me acuerdo, y ese recuerdo está en carne viva.
Texto: Clarice Lispektor. En la foto: Clarice Lispektor (Ggle).
Caminaba en la multitud intentando descifrar cual era su papel en ese momento.
-Es probable que ninguno- se dijo.
Tal vez esa era la clave de lo que necesitaba: no estar de menos, ni de más. Conseguir sentirse partícula de un núcleo inmenso cuyo trabajo no era otro que dejarse llevar por una perfecta sucesión de características particulares. Formar parte de un universo donde cada elemento cumplía su función sin plantearse el próximo paso. Como si esa sucesión perfecta tuviera un destino indefectible: el hueco entre sus brazos.
Había algo extraño en la manera. Como si los estuviera por dejar en una sala de operaciones para que les extirparan un trozo de hígado enfermo. Era mayo en París, en la portería de un elegante edificio a dos calles de los jardines de Luxemburgo. Balvina agarró a sus hijos de la mano y abrió la puerta del sótano:
-Es por aquí-
Bajaron los escalones en medio de la oscuridad, no había luces en el pasillo, sólo en el sótano donde los propietarios guardaban sus trastos: equipos de esquí, cajas con cuadros....Al fondo del pasillo, un improvisado baño con ducha, sin luz y con una puerta de madera rota, que había que dejar abierta para poder ver algo. Restos de instalación y cables mostraban lo que en algún momento habría sido una lámpara en el techo, pero el deterioro era evidente y Manuel, el día anterior, prefirió dejar el baño sin luz a que su familia se quedara electrocutada.
-No se preocupen por el frío, será un segundo-
Preparó las toallas, acomodó los pijamas sobre la misma silla que utilizó para sostener la puerta y abrió el grifo. Comenzó a fregarlos con un mínimo de jabón, calculó la cantidad exacta que los limpiara: ni un poco más. Por nada en el mundo les hubiera alargado el sufrimiento de sentir en sus cuerpos pequeños, el chorro de agua helada.
Mujeres que no saben si Dios existe
porque no tienen tiempo para pensar
y que rezan solamente
porque ya no dan más.
Mujeres, mujeres
mujeres argentinas
mujeres de la villa
mujeres con ladillas
mujeres que arden,
mujeres que gritan
mujeres para las que el tiempo
va muy de prisa
de prisa de prisa
no pueden parar
no saben leer
no pueden estudiar
y para todas ellas
no hay un maldito lugar
ni un lugar santo
ni nada, nada nada de verdad
no les importa saber
las razones concretas
de sus hijos muertos
de sus hijos hambrientos
de su futuro incierto
de si hay tierra o hay cielo
lo imposible y lo posible
Mujeres que no saben
lo que es arte
pero saben de cosas
mucho más importantes
A esta hora exactamente
hay una mujer en la calle
dejándose penetrar
por sus hijos muertos de hambre
Mujeres que no saben si Dios existe
porque no tienen tiempo para pensar
y que rezan solamente
porque ya no dan más.
Dejé el título "Mujeres Argentinas", sólo para respetar el original que escribí en 1994 de un tirón, del mismo tirón que escribí "Soy la rabia", "2006-1998", y algunos otros...
Se llama Mujeres argentinas pero podría llamarse mujeres colombianas, bolivianas, peruanas, latinoamericanas, africanas, asiáticas, gitanas....también podría llamarse sólo MUJERES.
Por alguna razón quise conservar el original como estaba.
Nublado en Barcelona, de fondo el televisor, 14 grados....
......y me habías traído el vestido azul y ensayábamos con el micrófono nuevo. Y te hacía caso cuando desde la cabina me gritabas ¡no afines..!. Pero enseguida me desperté, con el i-pod encendido y ya no no vivía más en esa ciudad, ni tenía dieciséis años porque en mi cabeza sonaba una canción....
Llueve en Barcelona. Escucho: My Little Corner of the world (Yo la tengo).....Sí, ya sé...pro no importa. Dos veces más y cambio a los Scissor Sisters, exactamente "I don' t feel like dancing", que la tengo en el i-pod seguida VEINTE VECES ;-)
Sin embargo, era yo un pésimo poeta que no sabía ir hasta el fondo. Tenía hambre y todos los días y todas las mujeres en los cafés y todos los vasos Hubiera querido beberlos y romperlos y todos los escaparates y todas las calles y todas las casas y todas las vidas y todas las ruedas de los coches que giran en torbellino sobre los ruinosos empedrados Hubiera querido hundirlas en una hoguera de espadas y hubiera querido triturar todos los huesos y arrancar todas las lenguas y licuar todos esos grandes cuerpos extraños y desnudos bajo sus vestidos enloquecedores... Presentía la llegada del gran Cristo rojo de la revolución rusa... Y el sol era una llaga maligna que se abría como una brasa.
Yo era un adolescente en aquel tiempo tenía apenas dieciséis años y ya no me acordaba de mi nacimiento.
Blaise Cendrars. En la foto: Vladimir Maiacovski. ("Prosa del transiberiano y de la pequeña Jehanne de Francia", fragmento)
Desde siempre las cosas que me han rodeado eran bastante incomprensibles para mi niña cabeza, pero un día descubrí que las palabras venían de algún lado y que éstas querían decir cosas. Esto constituyó para mí la más auténtica verdad revelada. Atrás quedaban mis días intentando entender los porqués y los procedimientos, alguien velaba por mí y existía la manera de saber sin varias interpretaciones, al fin entendía porqué pan se escribía “pan” y no rascacielos.
Fue así , que a los cuatro años, descubrí la etimología, ciencia que maravilló mi corazón y arrulló mi alma. En la época en que todavía no estaban muy de moda los relojes digitales, recuerdo que preguntaba:
-¿Qué hora es? -Van a ser las cinco. -Pero ahora... ¿qué hora es? -Van a ser las cinco. -Sí, sí, pero ahora, en este momento: ¿qué hora es exactamente? -¡Basta! No “es” ninguna hora: van a ser las cinco.
Un segundo antes de todo. Ver en todas y cada una de las direcciones: hacia adelante, hacia el costado, hacia atrás. Ver hacia adentro y con los ojos cerrados, y abiertos en los reflejos. Y en el día y la noche y en todos los momentos. Ver con la piel, ver con la yema de los dedos, ver con mi hombro rozándote la espalda: Ver.
diumenge, de desembre 17, 2006
Conocía su trabajo pero no sabía qué cara tenía. Meses después de escucharlo apareció su foto en la contraportada de un periódico. A pesar que no se lo distinguía bien, tuve una cierta impresión, una electricidad en el cuerpo, algo. Después me olvidé, inmediatamente.
Me enferma escuchar a la gente buscar, y según ellos encontrar, parecidos entre las celebridades y la gente de su entorno. ¿Has visto tal..? Pues es igual a equis, -Es muy guapo, igual a Eme. Un estilo muy Hache, muy Zeta, muy lo que sea. Además de snob y estúpido, me parece irreal. NUNCA he conseguido ver parecidos entre, Miguel, por mencionarles a alguien y.....la estrella de Hollywood a la que se supone que se parece. No hay caso, por más que lo intento creo que cada persona es irreproducible, y que las cosas van mucho más allá de la similitud en lo físico. Será un limitación ocular, tara mía, será lo que será. Pero lo concreto es que nunca, ni en mi más tierna infancia, he conseguido encontrar estos supuestos parecidos. Este año en París, mis limitaciones ya no oculares sino emocionales, me llevaron a pasar más tiempo delante del televisor que yendo a fiestas. Plena rentrèe, en cada uno de los programas aparecían escritores que promocionaban sus libros, directores de cine hablando de su película y....músicos presentando sus discos. Mira quete mira, una noche aparece con sus dos ojos y sus muletas en el plató del programa más visto: él. Enmudecí. ¡¿Que qué?! ¿Qué hace él AHÍ? Les explico mínimo: Spike Jonze, por citarles un ejemplo, hubiera podido ir, o a ver.... miles. Ya sabemos que lo de alternativo es todo un truco, y que TODOS mueren por ir a la tele (lasventas, hoyendianosepuedesinella, notepuedescerrarlaspuertas, ETCETERA.) Pero...¿él?. Fabien, el mejor slammer que existe y conocido como Grand Corps Malade (gran cuerpo enfermo, en francés), banlieusard de alta monta y, aún siendo blanco y de ojos azules, respetado a morir dentro del ambiente: es muy bueno actuando y es muy bueno escribiendo. Es muy bueno.
Sentada en la cama de mi rincón de la rue des petites champs, con un pedazo de pan en la mano y esperándola a ELLA, que no vendría, tuve de pronto un cachetazo. ¿Cuándo dóndequien quepasadónde ay averdóndequienes enquienpiensoquienmeacuerdo quien quienquienquien?
Él.
¿Dónde estás? ¿Por dónde andarás? Me escuché un “es él”: es IGUAL. La manera de mirar, de sonreír, de estar serio, la manera de hablar. Grand Corps Malade era igual a quien tengo perdido de vista después de haberlo amado tanto. Después de haber estado al lado de su cama rezando para que no se muera.....besando sólo las sábanas porque el sólo contacto de una mano en la piel te hacía retorcer de dolor. Porque por primera vez la muerte no estaba cerca sino que estaba la muerte. Porque cómo un amor puede ser tanto amor y no ser el único. Porque teníamos quince años y nos hicimos viejos en dos meses. Porque me costaba volver a la habitación y hacer como que no era tan grave cuando en todo el hospital era la novia del chico que se moría. Porque no entendía nada y no sabía cómo. Porque sólo podía estar recostada a tu lado sin tocarte y llorar mientras intentaba adivinar si estabas muerto o dormido, y mentirte cuando me preguntabas si la habitación no olía a quien sabe qué cosa tremenda y extraña que tal vez era el olor de la muerte que no se decidía. Y estabas amarillo, y estabas feo, y estabas enfermo. Y fueron tus ojos, tan tan hermosos los únicos que sobrevivieron esos días. Aprendí entonces a entrar en la habitación y no mirar nada más sólo tus ojos, abandoné mis otros sentidos para no sufrir viendo como todo tu gran cuerpo enfermo extendido en la cama blanca estaba cada día más roto y más lejos.
Y al final todo pasó. Y pasó el tiempo.
Continuaste siendo un gran músico y, si no recuerdo mal, un año después sabías tocar todos los instrumentos. Y me seguiste escribiendo canciones, y composiciones de piano que grababas en cassettes y me mandabas por correo. El final de la historia lo tengo borroso, nos separamos después de un tiempo y nuestras vidas siguieron por caminos diferentes.
Pasaron años, él se casó y yo también, si nos cruzábamos por la calle nos saludábamos con una sonrisa, una vida amable de pequeña ciudad. Una día dejamos el saludo de cortesía y fuimos a charlar a un bar: de nuestras vidas, del tiempo que pasaba, del cómo iba todo. Después de tres cafés, anécdotas varias y muchas risas empezamos a hablar de nosotros y del porqué habíamos roto, primero contó él, después conté yo.. Esa una tarde de otoño, en una mesa de un bar cualquiera. Creo que le rompí el corazón.
Tan poca importancia le daba entonces que aún hoy, al intentar describirla, me resulta imposible recordar de qué madera era.
Mi mesa, heredada y puesta en medio del salón más por no saber qué hacer con ella que por bella: ovalada y enorme, pesada y con tres patas.
-Hermosa esta mesa- recuerdo que dijo mi padre la primera vez que entró en casa. Esa casa mía, la de entonces.
Visto estuvo que lo de mi padre con la mesa fue un flechazo, ya que cada vez que recibía su visita, había para ella un comentario de elogio.
-¿ Te parece ?- recuerdo que le preguntaba con fastidio evidente.
Harta ya de intentar que algún integrante de mi familia alguna vez estuviera de acuerdo en algo conmigo, había desistido en mi intento de explicarle que esa mesa sólo era un tremendo trasto. Yo la conservaba más que nada por desidia. Aguardaba el momento para venderla, tirarla a la calle o romperla en mil pedazos para usarla como leña: estaba segura que llegaría el día en el que sabría exactamente qué hacer con ella, no me preocupaba.
-¿ Cómo se te ocurre deshacerte de ella?- preguntaba mi padre- que por entonces y como en casi toda su vida de adulto, no tenía ni mesa, ni sala, ni casa.
-Alrededor de una mesa pasa todo- me decía- Sobre una mesa se puede escribir, se puede leer, se puede comer, se puede hasta hacer el amor..!
Pasando por alto la súbita inquietud que me provoca escribir la última referencia de mi padre en relación a la mesa, recuerdo perfectamente el fastidio que me provocaba la permanente insistencia respecto su magnificencia, belleza, etcétera.
Ahora vivo en París. Mi casa tiene una sala enorme, llena de libros y de plantas.
Alrededor de una fantástica mesa de madera, he acomodado varios sofás en donde se sientan a charlar mis amigos mientras beben vino, y hablamos de todas esas cosas que cuando uno junta alrededor de una mesa se hablan.
Y aunque me resultaría bastante complicado traer en barco aquella mesa, no pasa un sólo día en el que atraviese el pequeño estudio y no piense:
“- En ese rincón, bajo esa ventana en esta sala, que hermosa se vería y qué bien me vendría aquella mesa.”
Para ponerme a escribir, para leer, para comer e incluso, aunque sería inevitable no recordar a mi padre, para hacer el amor.
Cuando yo era chiquita odiaba la cebolla. La cebolla cruda y la cebolla cocida. No sólo no me gustaba sino que me hacía mal. Mi abuela, amante de esta raíz y esposa de un hombre, desconfiaba sistemáticamente de todo lo que le decían, incluso conmigo: a pesar de ser su nieta, pensaba que yo le mentía. Todo lo que le dijera era puesto en duda, incluso que no me gustaba la cebolla.
Cuando mi abuela era grande odiaba a los hombres. A todos los hombres. No sólo los odiaba sino que los quería matar. Y yo, amante de ellos e hija de uno, intentaba con afán hacerla cambiar de opinión incluso a ella: a pesar de ser mi abuela, no la entendía. Todo lo que me decía me inquietaba, desde su insistencia para que coma cebolla hasta lo de los hombres.
Ahora que ella ha muerto, tengo un amante asesino y otro cocinero. No creo tener futuro con ninguno. Pero he sabido de un biólogo investigador de cultivos que intenta conseguir una nueva especie de cebolla: una que al abrirla no haga llorar.
- No sabés, gordo, tenías que escuchar hablar al hijo de puta, diciendo que la democracia es un abuso de la estadística y hablando del azulino ¿te das cuenta? ¡del azulino! quince minutos de televisión a las nueve y media de la noche disertando sobre qué palabra es más chic, si "azulado" o "azulino"...
- Ja ja ja, me hacés cagar de risa...
- No, gordo, qué cagar de risa...Estoy harto.
- Ya sé, Mario, no me vengas a dar cátedra...ya sé...
- ¿Y entonces qué decís, pelotudo..? Si te digo ésto es porque me dio asco, asco físico, de irme a vomitar al baño.
- Sí, flaco, pero él no es el enemigo, no es para ahí para donde tenés que apuntar...
- ¡Pero si yo no apunto para ningún lado! Yo estaba en la mesa, comiendo tranquilamente y aparece el tipo en televisión, diciendo lo sorprendido que estaba que la gente estuviera reputeada porque él había dicho que a Latinoamérica lo peor que le puede pasar es la democracia ¿esto lo podés entender..?
-Ya sé, Mario, ya sé...pero entendeme lo que te digo...
- Sí, pero vos a mí también entendeme. Mirá, yo espero que esta ciudad no te haya aburguesado demasiado, pero a ver si te queda clara la situación: vos estás acá, en París, rebacán, pero allá están violando embarazadas y tirando gente al río desde los helicópteros! Yo no quiero entender a un tipo que tiene la posibilidad de crear conciencias, de denunciar atrocidades y prefiere hablar de poesía épica y defenestrar la democracia, no quiero, gordo, no puedo, no me sale y no tengo ganas...
-¿Crear conciencias...? ¿ che loco no se te está yendo un poco la mano..?
-Sí, crear conciencias, educar la sensibilidad, de todo podría hacer ese tipo, el mundo se está transformando en algo asqueroso, se está desbalanceando mal, y allá están reventando a todos, a todos. ¿Vos a quién creés que están haciendo pelota? ¡a la gente que piensa, gordo, no van a la remanchanta!.
-Ya sé, Mario...no soy tarado, eh? Lo que te digo es que el tipo es un artista, un escritor...
-Un hijo de re mil putas es lo que es...
-A ver...¿no te parece que le estás cargando mucho las tintas al pobre tipo? él escribe libros, nada más...además ¿te vas a poner a juzgar a todos los escritores fachas de la historia? mirá que se te complica, eh? y te aseguro que el viejo no es que va a salir peor parado...
-Mirá, yo no estoy juzgando ni al viejo ni al mundo, yo te estoy explicando una situación concreta en un momento concreto de la humanidad, y al arte me lo paso por el quinto forro de las pelotas.
-¿Ah, sí...?
-No me jodas, Capdevila, no empecemos...Esto se está yendo al carajo, yo no quiero ver a un tipo laburando diesiséis horas y que no tenga guita para que el hijo se compre un par de zapatos...¿entendés gordo? No sé qué pensarás vos en esta ciudad de mierda que vivís donde hay pares de medias que cuestan los mismo que paga mi vieja de alquiler de la casa, pero a mi me parece que si no se hace algo todo se va a ir al carajo...
-...y vos no creés que todo se fue ya al carajo...?
-Por eso, viejo... ¿cómo pensás que me siento yo al escuchar a un tipo diciendo esas animaladas? ¿te parece normal que no reaccione? ¿porque qué sería lo correcto? ¿quedarme escuchando y no decir nada?
- No sé, Mario...no sé, qué se yo lo que me estás preguntando...pero lo que sé es que el problema no es este tipo...eso lo tengo reclaro.
-Ok, lo tenés "reclaro". De acuerdo, el problema no es el tipo, él escribe libros y tiene permiso para decir lo que quiera: más o menos es eso lo que me estás diciendo ¿no? Ahora si querés hablemos de Celine, de Gide y de la concha de tu madre. ¿Sabés lo que pasa, Capdevila? Porque yo le estoy hablando al mismo tipo que se sentaba conmigo en el secundario, no? ¿o también te cambiaste de nombre? no sé, capaz que ahora te llamás "Capdevilá" o "Capdevileux"....
-Ahora no me jodas vos...
-Lo que te decía, viejo, "Para que el mal triunfe sólo hace falta que los buenos se queden callados" ¿Te acordás..?
-Me acuerdo, me acuerdo...
Entonces se hizo un silencio, un silencio que en diez segundos los llevó atrás, muy atrás. No tan atrás, hace veinticinco años.
Ni bien se levantó lo supo: se compraría un pez. No, mejor dos, para que no esté solo. Así que saltó de la cama y miró el reloj: muy temprano todavía, debería esperar unas horas hasta salir a comprarlo; eran las cinco y cuarto de la mañana. Pensó si salir igual, y esperar. Pero no: podía encontrarse con ellos, con los que vuelven. Ellos con los que hasta ayer se juntaba. Un ellos al que ya no quería pertenecer. Sería feliz, lo había decidido, y se compraría un pez. No, mejor dos, para que no esté solo. O tal vez pensándolo tres. Dos es un número complicado.
Se nos cayeron las lágrimas y los dientes. La piel nos quedó rota y el pelo blanco, enloquecimos de ira, desfallecimos: nos sobrevino el desencanto. Fuimos niños en guerra y adolescentes abandonados.
Antes de caer por el precipicio alcanzamos a recuperarnos. Intentamos mantenernos en pie y no lo conseguimos: se nos rieron en la cara mientras aplicados estudiábamos idiomas extraños.
Gastamos dinero, lo tiramos, lo prestamos. Lo debimos. Lo dejamos en depósito. Nos desapareció en el banco.
Pasaron helicópteros por encima de nuestra cabeza y tuvimos pánico: no entendimos porqué estábamos siendo acosados. Atravesamos la frontera con el corazón en blanco. Sobrevivimos pesquisas, recuentos, listados. No sabíamos lo que estaban buscando, y escuchamos por la tele “avalancha de indocumentados”.
Aparecimos en urgencias borrachos y maniatados y perdimos las batallas: una, dos, tres, cien, casi quinientas. Dormimos en la calle en invierno, y en casi todas las estaciones del año. Nos agarró la policía, y hubo médicos que nos vendaron las manos.
Nos repusimos de casi todas las heridas, salimos a desayunar enamorados. La ciudad era nueva y para nosotros, el cielo era azul y había sol y por fin era todo era tan claro. Teníamos tanto que hacer de repente, qué bonito.
Caminamos rumbo al trabajo y vimos un hombre caer al asfalto. Ni siquiera se había ido el olor del café que habíamos desayunado cuando tuvimos al hombre al lado nuestro, estrellado. Y ese día trabajamos igual, sin que nos pagaran la seguridad social. Y más, se reían de nuestro catalán. Ja ja ja ja. Quedábamos ridículos, escuchamos decir, no lo conseguiríamos jamás.
Mientras, volvíamos a acostarnos hasta mañana en nuestro colchón en el suelo y leíamos a Marti i Pol y tomábamos té y no comíamos pan. Escuchábamos a Sisa y a Lluís Llach y copiábamos los versos en papelitos y hacíamos collages: hasta mañana que hay que volver a trabajar. Las horas que hagan falta, sin seguridad social. Y nos abrazábamos desaforados dibujando y marcábamos en lápiz las palabras que no entendíamos: nos compramos un diccionario español-catalán.
Mira, lee, me encanta, te compro el libro cuando cobre, no tengo un peso pero no importa, para comprártelo voy a dejar de pagar el gas. Y nos rechazaban la residencia, nos decían que no, que ni trabajo ni nada, que ni hablar. Y nosotros cada vez más enamorados de la ciudad, cantando por las calles a las tres de la madrugada debatíamos sobre el “testimo” el “teamo” y el “et trobo a faltar”.
Y nos sentimos cerdos al estar tan tristes, porque veíamos por la tele que llegaban pateras, y nosotros esa noche teníamos un concierto en Razzmatazz. Y había casi como una prohibición de sufrir: teníamos zapatos y leíamos el periódico, estaba claro: no era igual.
Nos llamaron por teléfono para ir a un entierro. Y fuimos. No pudimos contener nuestro llanto, lloramos. Por el muerto, y por lo que era todo en sí. Rezamos, tan tristes estábamos. Elevamos una plegaria al cielo: aún ateos. Porque era muy triste todo y sin embargo, al regresar en el coche, nos preguntaron porqué llorábamos, si el muerto no era un gran amigo ni un familiar. A semejante pregunta ¿qué podíamos contestar?.
No podíamos sentir la muerte de quien no nos pertenecía, no se podía llorar a quien no correspondía, supimos entonces: no había permiso para tanto, no se nos había llamado para llorar de verdad y molestar.
Eramos una especie de bulto que sumaba al cortejo, nada más.
Comenzaron entonces a temblarnos las manos y tal vez sea verdad que no somos los mismos y más. Más, más mucho más.
A saber lo que nos tiene preparado el destino después de tantas, tantas pérdidas, y amigos perdidos y enemigos conocidos, y errores cometidos, y arrepentimientos sin sentido... A veces pareciera como si todo hubiera sido demasiado y nos aterra escuchar cómo algunos tienen cuerpo para seguir en guerra, y de este lado, juntos y solos, tan rotos, cristales, absolutamente vulnerables, sin sangre para ninguna más lucha, ni puesta a punto, tan heridos, espartanos, medio náufragos, como si cada dolor sufrido por el otro fuera un pedazo nuestro, una extensión, un tajo abierto en el hombro, una misma carne.
Y nos preguntamos cuándo vamos a empezar a ser grandes, mientras vemos pasar los años en el pasaporte, queriendo y no encontrando una respuesta, preguntándonos cuando empieza la parte de la película en la que el muchacho se salva.
Porque nos miramos al espejo y hay como un hombre o algo ahí del que se espera ¿quéseespera? Si ni podemos con nosotros y ya hay otros alrededor creciendo que esperan-necesitan creen-suponen tenemos una llave, la respuesta de un final con torta y con boda y entonces abrimos las palmas de las manos como una granada estallada y las apoyamos en los costados de la cabeza, y nos tapamos más que las sienes y los ojos, toda la cara. Y nos prohibimos pensar más y salimos a la calle y no nos hacemos más preguntas ni nos permitimos más llanto.
Se quedó perplejo. ¿qué estaba diciendo ese hombre? ¿Había algo que él no supiera? ¿A qué se refería exactamente con “qué bien que la hizo”? No podía ser por lo del cementerio, no, nadie podía estar tan loco. Algo tenía que haber salido muy mal para que el Gordo se hubiera puesto como se puso cuando escuchó a Mario contar lo de la tumba.
Él había ido, como siempre, a sacar fotos al cementerio. Su último trabajo no había quedado bien así que decidió esperar al día de los muertos para asegurarse que las tumbas estuvieran, al menos, repletas de flores. Cada vez que Mario se quedaba sin trabajo, se dirigía mecánicamente al cementerio más cercano y en menos de dos horas tenía un reportaje terminado. Ni moverse tenía, se lo sacaban de las manos. Esperó que no lloviera, sí, con un poco de suerte saldría el sol y podía encontrar algún buen plano. Y algún personaje encontraría también: seguro. Algún imbécil arrepentido, algún cínico pariente intentando lavar su conciencia
Caminaba por entre las tumbas en pleno mediodía de otoño. El suelo era una alfombra de hojas secas, y en esa sección en particular más un colchón que una alfombra, porque era tal la cantidad de hojas en el suelo que daba la impresión de estar dentro de una caminata lunar, esa carpa inflable en donde juegan los niños y que para entrar hay que quitarse los zapatos. Mario sintió que sus borceguíes podían pinchar el plástico y hundirse. En cualquier momento la enorme estructura de plástico se le podía caer encima y quedar atrapado, asfixiado, envuelto en el nylon para siempre. Inmerso y abstraído leyó: Roberto Martí Cineasta Ecuador 1947 – París 1996 Le sorprendió ver escrita la palabra Ecuador, le chocó un poco leerla en una tumba. Era el día de los muertos y el cementerio rebosaba de flores y parientes que visitaban las tumbas adornadas, casi travestidas. Pero ésta daba pena. En medio de las célebres o anónimas pero cinematográficas lápidas del cementerio de Montparnasse, entristecía ver ésta tan abandonada.
La piedra estaba llena de hojas secas mojadas, flores podridas, bolsas de nylon y pedazos de plástico. Contrastaba su dejadez con las otras tumbas impecables, casi puestas para la foto. Metió su cámara en la mochila, la dejó en un costado y comenzó a limpiar. Primero descubrió la piedra enorme. Le quitó de encima las docenas de hojas mojadas que pegadas una contra a otras comenzaban a pudrirse. Las tiró en un costado. Venga, ya está bien, sólo la limpiaría así, un poco.
Miró al suelo y vió todo lo que acababa de sacar de la lápida. Pensó entonces en buscar una bolsa para tirar todo en la basura. Agarró su mochila y empezó a caminar. Pero no pudo. Como un imán esa tumba lo llamaba, no había podido ni comenzar a irse. Entonces se quitó el tapado, los guantes y se sacó la mochila.
-De acuerdo -se dijo- Haremos un buen trabajo.
¿Flores...? Ni pensar, eran carísimas y además, qué ostias! le parecía una mariconada. ¿Qué entonces..? Con el dinero que compraba una planta podía comer tres días, imposible.
-Pero esos pinos...-pensó- casi todas.....
Unos pinos enanos que vendían las floristas de la entrada del cementerio que daba al boulevard Edgar Quinet, los había visto al entrar, y supuso que no serían muy caros....aunque....algunas lápidas estaban adornadas con varios. Pero no, no. Por menos caros que fueran imposible, no podía gastar ni un peso del dinero que tenía......y en algunas había demasiados. Sí, en algunas tumbas había demasiados. Además a juzgar por la edad, profesión y fecha de nacimiento del interesado estaba seguro que no se opondría a que Mario repartiera los pinos en cuestión.
Así que uno de la tumba de enfrente, dos de la del costado. Listo. Se alejó entonces unos metros para verla: había quedado perfecta. Ya no destacaba por ser la tumba más abandonada y más triste. Ahora lo único que la distinguía de las otras era llevar escrito en la lápida la palabra "Ecuador", por lo demás, todo igual. Un cuerpo humano pudriéndose como Dios manda dentro de la tierra. Pensó Mario que los muertos eran como niños, su aspecto jamás depende de ellos.
Se puso los guantes de cuero y el abrigo, se calzó la mochila y antes de irse volvió a mirarla.
-Feliz día de los muertos, compañero- dijo en voz alta- Sin susurrar y sin miedo a que alguien pudiera escucharlo.
Pasado el funeral, Irene tosió. Caminó despacio las cuatro calles que separaban el cementerio de la carretera principal. Pensó en lo bien que estaba haber dejado sin asfaltar ese tramo, ineludible para los deudos. Lo que en verdad era una imperdonable negligencia municipal, Irene lo había tomado como un guiño de delicadeza, un montaje escenográfico natural que los ingenieros del ayuntamiento se habían encargado de destacar con el fin de hacer el recorrido hacia el cementerio una zona desierta de transeúntes desprevenidos. Cuatro calles de tierra sólo pisadas por cuerpos cubiertos de dolor, de indiferencia o cuerpos muertos paralelos a las calles. Luego, sólo luego, la infame carretera que obligaba al olvido. Que sentenciaba a seguir sin ojos, sin pesar, sin lágrimas.
Escucho: Tower of song, de Leonard Cohen cantada por: Ella: mi amada, mi única, mi poderosa, mi desgarrada: Martha W.
Debajo de la manta, cubiertos sólo por la luz naranja que forman los reflejos del sol en la ventana. En apariencia, no hay ninguna señal de algo que desaparecerá pronto, con ineludibilidad, fatalmente. Es una unión entre omóplatos, entre estómagos, entre dos. Un juntarse de soldados en medio de la guerra, escuchando sin cesar el ruido de las explosiones fuera. Los gritos de dolor, los hijos huérfanos y las madres muertas. Las ausencias en los entierros, ya no importa si justificadas. Ausencias en los entierros pero también en el desayuno, en los momentos más felices y en las tardes de invierno. Ausencias de hombres en guerra. Una guerra permanente que parece que no acabar nunca. Juntos pero solos, incómodos. Enamorados lo suficiente, perdidos, enternecidos sin remedio. Queriéndose sacar al otro de encima: necesitarlo desesperadamente. Saber que se puede vivir sin el otro, como siempre. Enfurecerse, amargarse, no haberse querido meter en ello. Sentirse tan cerca del otro como de nadie: como de nadie en el mundo. No querer hacerse ninguna pregunta, no querer engañarse con ninguna respuesta. Que aparezca de pronto la palabra amor. Tener miedo. Miedo de hombres en guerra. Una guerra infinita a la que uno se acostumbra. No querer decir nada porque no importa, porque cualquier cosa que se diga está de más. Querer hablar aún sabiendo que no tiene sentido. Llorar, sentirse estúpido.
No planos medios. No planos generales. No fijaré mis ojos en el todo, sólo en los detalles que documentalicen lo que va a estar pasando. Tampoco altos registros de sensibilidad que me permitan sutilizar la luz. Y no haré trampas: nada de veinte carretes de fotos, sólo uno con doce imágenes.
Nos imponen trabajar la densidad, la horrible densidad. Pues usaré el horrible flash. Alta densidad, entonces alta claridad. El flash, un destello que iguala a todos y a todo; a la madera y al hierro, a las pupilas de los ojos y al color de los vinos.
El andamio Estaremos arriba, iremos a ver qué pasa abajo. Y he fijado una meta: rescatar, en medio de la vorágine que será todo, el instante y lo ínfimo. La mancha roja en su cuello de hombre, las flores celestes en la camisa de ella que intenta conquistarlo. El vaso de vino entre los dos que no sé si los junta, los separa o ya no es nada. demasiada música, demasiada noche, demasiada gente junta. Cuesta concentrarse en trabajar. Retomo las consignas, vuelvo a pensar en el registro...trabajar la densidad, el espacio, el tiempo limitado. Nos quedan cincuenta minutos, una hora máximo y me siento Cenicienta sin su zapato. Una Cenicienta sin zapato pero con cámara de fotos, intentando cumplir toso los ítems...algunos tan absurdos que harían a mi padre revolverse en la tumba. Tranquila, me digo, voy a encontrar la manera que ésto cobre sentido...Barcelona de la modernidad, extrema exquisita, la más absoluta, no hay más. No hay más "in" para ellos...para mí no hay más "out". Así y todo, sin embargo estoy acá. Formando parte, in-formando, de-formando...de-formándo-me, deformándome, formándome. Porsupuesto.
Los hombres de la basura Todo será perfecto. Me dicen que la hora de recogida con caminones es la exacta en la que, suponemos, el evento se encontrará en su punto más alto. Ahí estarán ellos como reyes en carroza entrando a la ciudad en caravana. El camión de la basura como una imagen de tanque de guerra aplastándonos en nuestra imbecilidad, en nuestra inocencia, en nuestra impotencia. Sergio y Tiago se quedan controlando a la gente que entra al refugio. Bajo el andamio, estoy alerta. Me interesa ver la cara de los invitados cuendo entre el camión. Entra entonces. Algunos se ríen, impecables con su ropa de sábado. Escucho comentarios: -peeero..! ésto lo tendrían que haber previsto..! haber arreglado que no pasen, haberlos desviado...! Para nosotros no podría ser más perfecto.
Lo poético y lo operativo Todo marcha de película pero no puedo continuar con la mía: la voz de Tiago desde el andamio me grita que falta hielo. Mento a los dioses. ¿Que falta hielo? pues lo siento, estoy trabajando, no puedo, imposible. No puedo ocuparme de esas terrenalidades...¿no hay por ahí alguna persona de esas, digo, usted me entiende....esas que recojen la basura, que limpian lo sucio o que ...van a buscar hielo...? Pienso en eso mientras desaforada corro por Doctor Dou intentando interceptar a la furgoneta que reparte hielo por los bares del Raval. Grito, corro, me exalto, no la alcanzo. Bendito sea Dios, la veo detenerse en el Iposa. Rodilla en tierra y billete en mano le ruego, le pido, le suplico que me venda, me preste o me regale unas bolsas.
Vuelvo al denso paraíso. Lo miro de lejos y me gusta. Me congelo los brazos con las bolsas conseguidas. Sergio y Tiago siguen repartiendo copas, me miran y me sonríen desde arriba. Las bolsas me congelan el pecho y la más superficial superficie de mi cuerpo...por dentro estoy enorme, sonriente, iluminada. Estar aquí, así, en esta parte de la ciudad, en este momento de la ciudad. Mientras las piedras se transforman, mientras el hierro de los andamios nos sostiene. Mientras nos juntamos sabiéndonos todos distintos. Porque uno el el vidrio, otro el cemento, la tierra, otro el hierro. La manos que los une, los ojos que lo piensan. Los pies que buscam, la espalda que se asienta. Y todo se construye, mientras el aire nos sostiene. Mientras intentamos salvarnos del infierno, mientras escribimos cómo huir del peligro y escaparnos de una vez y para siempre de los antiguos dolores y de todos nuestros pecados.
Mi abuela adoraba. Mi madre adoraba. Y aunque me fascinaba verlas devotas y reclinadas, no conseguía identificarme con el Gurú de mi madre, ni con las estampitas de santos de mi abuela.
Mi abuela materna adoraba al Papa.
Sí, sí, también a Dios, a Jesús y a los Santos. Pero del que tenía una foto enmarcada en su mesa de noche era del Papa. Y también adoraba a las Santas, todo sea dicho, recuerdo muy bien su secreta predilección por Santa Rita a la que le ponía flores de colores y un mantelito.
Mi abuela al Papa y mi madre a Gurú Mahara-ji. El Papa, ya saben, ese señor que dice que vela por los pobre mientras se incha a comer manjares y la palabra proviene del latín “papa”. Gurú, pues...la palabra “Gu” significa oscuridad y “Ru” significa luz, por lo tanto un Gurú es alguien que te lleva de la oscuridad a la luz.
Mi madre adoraba a Mahara ji, el Maestro Perfecto de la Misión de la Luz Divina.
“El Señor del universo a llegado hasta mí, ha venido a mostrar la luz, a enseñarnos el amor, el camino para entender a nuestro Padre”
¿Cómo me podía resistir? ¿El Señor del universo me haría comprender a mi padre? ¡Genial! Tenía que hablar con el señor del universo YA. El problema es que no me terminaba de quedar claro si éste era Dios, el Papa, o Gurú Mahara-ji. Las mujeres de mi familia, a falta de figuras masculinas que realmente contaran, se ve que se decantaban por las divinidades. Y yo, ante la gran oferta presentada, me encontraba bastante desorientada.
Entonces, un día, apareció ella.
Ella.
Pelo negro atado en un costado en forma de trenza. Una falda morada que suponía de terciopelo por lo pesada, suave y bella. Camisa blanca de seda, con volados discretos y puntillas. Pulseras de madera. Botitas de cuero. Una muñeca de madera de doce centímetros. Sólida y elegante.
Le haría un altar de inmediato, como correspondía. También tendría que ponerle flores. Admirarla y rezarle. Después de tanto agnostisismo lo había conseguido. En un abrir y cerrar de ojos lo había comprendido todo. Tonta había sido por lo que me había perdido. Esto de las divinidades era magnífico.
Ahora debía llamar a mi madre para contarle que me había convertido, estaría orgullosa. Con la aparición de Ella, habían quedado atrás mis días tristes de escéptica perdida. Adivinaba su tristeza al ver que yo no compartía su amor por Mahara-Ji, y me apenaba decepcionarla. La figura femenina sería en adelante mi sino, mi verdad. Para ella serían las flores y los rezos, mi devoción eterna y mis escritos. Acababan mis días de niña impía y con ello, por fin, también nuestras rencillas.
Ya tenía la figura y la devoción más profunda. Comenzaban a preocuparme los rezos y los cánticos, que adivinaba fundamentales. Pero no había nada que temer: debería mirarla hasta el hipnotismo y Ella me los dictaría, Esta vez no sería como siempre, que para encontrar la verdad debía sumergirme dentro de mi corazón y mi alma. No tendría que buscar porque Ella se ocuparía, me dictaría celestes versos que luego transcribiría, me traspasaría su amor y sabiduría. Entre tanto yo, súbdita, debería ocuparme de lo terreno.
Mi exaltación era total, quería enseñarle mi religión a mi madre. Era un real imperativo, fue entonces que la llamé para mostrarle mi altar magnífico.
Yo estaba sentada en la cabecera de la cama, al lado de la mesa de noche en donde había construido mi templo. Todo estaba oscuro, iluminado sólo por la vela, quería que mi madre se emocionara al verla y con la luz de esta manera no había dudas, mi figura brillaba de manera mágica. El brillo de su falda parecía más rojo, y el relieve de su cuerpo, toda ella, era más real y más fantástico. Al mismo tiempo que esperaba que llegara mi madre no podía dejar de mirarla, estaba hipnotizada. Mi ansiedad fue mayor cuando por fin escuché los pasos de mi madre que se acercaba.
-Mira -le dije- es Ella.
Mi madre no contestó entonces repetí:
-Es ella: voy a adorarla.
Mi madre volvió a callar, actitud que me desconcertó, pero enseguida me dije: está muy emocionada a punto de abrazarme. Claro, qué tonta, no lo había comprendido. La mujer, fascinada ante la conversión de su niña, no reaccionaba. Faltaba sólo un segundo para que se rebelara con su incomprensión, a mí me lo iban a decir ! Si hasta el día anterior yo también estaba ciega y no divinizaba nada.
Acabado el abrazo entre adorantes me miraría a los ojos y me diría: “¿no es maravilloso? ¿entiendes ahora lo que siento?” Claro que la entendería. Ahora que había aparecido Ella entendía todo lo que mi madre sentía.
Pero en la realidad mi madre estaba petrificada y nada de abrazo ni nada de nada. Sentada a mi lado al borde de la cama, me miró a los ojos con horror y me dijo:
-No, no se puede. Está prohibido.
¿Prohibido? ¡¿Prohibido?! ¿Que significaba esa palabra en boca de mi madre? No podía ser, era imposible. Diez minutos antes de meterme en la cama, la había visto arrodillada enfrente de una foto de un niño vestido con un pijama blanco y flores en la cabeza. Tirada en el suelo del salón, con los ojos cerrados y los brazos levantados en dirección al cielo cantando:
“Gloria a ti nuestro Señor a tus pies de loto damos nuestro corazón para que florezca en infinito amor.”
¿Y me decía que estaba prohibido? ¿Cómo se atrevía?
Al otro día, llamé a mi abuela por teléfono desesperada. Prepararía mi maleta y traería conmigo a mi adorada.
Era mejor nadar que bañarse en sus lágrimas. Entonces todo era cerrar los ojos y comenzar a ser, nadar buscando nada. El ángulo de sus pies, la curva de su espalda. Nadar. Buscar, como un caracol como una ola. Una vuelta alrededor de sí misma, encontrar sin buscar.
Encontrar sin buscar....decisiva, soñada, implacablemente.
Nadar buscando nada, nadar como andar. Una vuelta en el agua, como un caparazón que se abre, como un caparazón que da vueltas. Ella nada, enorme, entera, frágil bruma. Nada y es casi como si volara en el agua.
Salir apenas a la superficie.
Y sabe, lo vé que la mira. Lejos, suave roca. Pude imaginarse perfectamente dentro suyo. Sabe de su piel y de su risa, y de la nuca sin secretos y del color de la piel en su espalda.
Vuelve a sentirse pájaro. Pájaro que nada en el agua. Que da un vuelco círculo, como una caracol como una ola. Mejor olvidarse, mejor dejarlo, mejor pensar que nada de eso existe.
Era mejor nadar que bañarse en sus lágrimas. Mejor nadar, que bañarse en sus lágrimas.
diumenge, de setembre 17, 2006
Nous avons un p'tit secret:
Malgrait tout..... la vie c'est GENIAL.
Mais genial, voilà.
dijous, de setembre 14, 2006
Queridos todos:
Como algunos ya saben estoy en París, ciudad en la que, créanme, hay tantos locos por centímetro cuadrado como en cualquier ciudad que se les ocurra sin tanto pedigrí. Una de las cosas que esperaba con más suspenso era ver en televisión los programas literarios en plena "rentrée". No me enrollo, les cuento directo:
Periodista a escritora célebre a la que media Francia ama y la otra media aborrece: -Pero usted....estoy sorprendido, Madame Angot, después de leer su libro confirmo que usted es tremendamente ambiciosa....!
Escritora sorprendida: -Mmmm, no me definiría como tremendamente ambiciosa, pero me da curiosidad saber porqué le parezco así a usted...
Periodista:-¡Pero si. si es del todo evidente! ¡Usted lo quiere todo madame Angot, usted es ambiciosísima!
Escritora: Sigue sin decirme usted el porqué, le confieso que a esta altura mi curiosidad es enorme....si tiene la amabilidad de decirme....
Periodista: ¡Usted no solamente quiere ser comprendida, usted quiere ser amada!.
Silencio en auditorio. A ver si yo estoy muy desubicada ¿me cuentan si conocen a alguien que no quiera ser comprendido, y amado?. Porque yo ya es que....me parece que vivo en otro planeta.